Showing posts with label sospechosos habituales. Show all posts
Showing posts with label sospechosos habituales. Show all posts

Saturday, November 11, 2006

La máquina de escribir como personaje


La historia de mi máquina de escribir. Paul Auster. Ilustraciones de Sam Messer. He aquí un libro ilustrado, donde lo más importante son los dibujos. Sam Messer pinta la máquina de escribir de Auster desde todas las perspectivas, analizándola como si fuese un personaje. Unos dibujos espléndidos que evocan todo el amor que se puede sentir por la escritura y a las herramientas para escribir. (Mi cuadro preferido: el de la página 59)

"Escribir es una acción física y los instrumentos utilizados tienen su influencia."

Natalie Goldberg

Tuesday, November 07, 2006

Morir por Irlanda


Las cenizas de Ángela, Frank McCourt. ¿Qué hizo Malachy McCourt por Irlanda?
Dice haber luchado, haber hecho su parte por Irlanda, pero no aparece en las listas del ejercito. En cambio, cuando va bebido levanta a sus hijos a media noche para hacerlos prometer que morirán por Irlanda. ¿Qué trauma tiene este hombre con morir por Irlanda? ¿Es que él no lo hizo? ¿Es esa la razón por la que bebe? Esta es una pregunta que quedará sin respuesta... y no me llameéis malpensada, porque este hombre es un bebedor, por no usar una palabra peor.

La mirada de Frank


Las cenizas de Ángela, Frank McCourt. En la mirada del personaje principal de este libro se aprecia una evolución. No ve el mundo igual cuando es pequeño que cuando se pone a trabajar. Es la mirada de una persona que, ante nuestros ojos, crece, se hace mayor. Eso es un gran acierto del narrador, que no se limita a explicar su vida desde su perspectiva actual, sino que se pone en la piel del niño y del adolescente que fue, aunque el adulto siempre está detrás matizando. Eso, cambiar y hacer evolucionar una mirada, ha de ser una de las cosas más difíciles de lleva a cabo para un novelista, una complicada alquimia. (Me permitiréis que la use, la palabra "alquimia" me gusta mucho.)

Monday, November 06, 2006

¿Por qué?


¿Por qué el libro se titula Las cenizas de Ángela? Yo pensaba que su madre moría y la incineraban, pero no, Ángela no muere. ¿Por qué, entonces?

Curiositad


Las cenizas de Ángela. Frank McCourt. ¿Por qué se arrepiente tanto de haber "hecho la excitación" con Theresa y en cambio roba y no siente la necesidad de confesarse? Supongo que cuando pasas hambre puedes robar, que Dios te perdona automáticamente. ¿O no?

Sunday, November 05, 2006

Duda razonable


"Todos los piscis somos unos embusteros, y cuando a esto se le añade una ascendencia irlandesa, el resultado es un embustero de marca mayor."

Lawrence Durrell (el hermano de Gerald Durrell)

Leo esta frase y me asalta la duda: ¿cuánto de verdad y cuánto de invención hay en estas luminosas memorias de Frank McCourt? No me importa. Como diría mi librero, si no es verdad, está muy bien hallado...

Explosión total


(digo que un libro ha explotado cuando no puedo parar de leerlo) Las cenizas de Ángela. Frank McCourt. El niño mira el mundo, pero tras él está el hombre adulto que matiza su mirada. He estado leyendo los últimos capítulos de este libro casi de una sentada, sin leer nada más, concentrada, absorta en la vida de Frank. Es lo que explica, pero también cómo lo explica (Carai, esta frase debe ser la más repetida del blog. Ya veis que tiro de tópico. Pero este libro merece mucho más que tópicos) Pasa hambre, roba, trabaja, pero aun tiene tiempo de buscar palabras en el diccionario; alguien que busca palabras en el diccionario no puede estar tan desesperado. La historia de la chica tísica es bonita y triste. Además, es simpático. Frank es un narrador simpático, que por desgracias que le pasen jamás pierde el sentido el humor. Además, y es una teoría mía, este Frank McCourt está protegido por un ángel (¿el ángel del séptimo eslabón? ¡quién sabe!) Como Auster, tiene el don de explicar historias. Será inevitable que me interese por el resto de libros que ha escrito. De todos modos, tardaré un tiempo, porqué todavía tengo que asumir este: lo he leído muy rápido, sobretodo el último tercio.

Wednesday, November 01, 2006

Palabras de McCourt


"Creo sinceramente
inducida por circumstancias poderosas,
que vos sois mi enemigo.

No sé qué significa, y me da igual, porque es Shakespeare y es como tener joyas en la boca cuando lo digo."

"Podéis ser pobres, podéis tener los zapatos rotos, pero vuestra mente es un palacio."
Frank McCourt
Las cenizas de Ángela
Capítulo VIII

Tuesday, October 31, 2006

Continua la miseria


Las cenizas de Ángela. Frank McCourt. Capítulo VI. Me hace mucha gracia eso de los maestros peleándose para explicar a Euclides. ¿Qué debe tener Euclides?

Capítulo VII. El padre de Frank se bebe el dinero que la abuela envía para el nuevo hermano. Lo que no entiendo es porque le dejan ir a él, a buscar el giro. Ángela debería habérselo pedido a su madre, a alguna tía o tío. O a la vecina. No lo entiendo, francamente.

Wednesday, October 25, 2006

A pesar de la pobreza


Las cenizas de Ángela. Frank McCourt. Capítulo V. Este Frank... es un niño, pero parece que seguirá el camino de sus padres. Su padre bebe, su madre fuma, y Frank miente. Supongo que en cierta forma es normal. Además, hay hambre. Hasta ahora, jamás havia encontrado un defecto a su madre. Se hace mayor y su mirada sobre las cosas cambia.
Leyendo la narración de la infancia de Frank McCourt, no puedo evitar compararla con la de Miguel Torga, que leí hace poco. En el mundo de Torga no había tantos prejuicios, tampoco no había subsidios. Frank consideraría un honor ser monaguillo, Torga dejó el seminario. A pesar de que tienen en común la pobreza y los golpes en la escuela, son infancias muy diferentes. Torga no se compadece tanto, sólo constata su soledad (espiritual). Frank se compadece porque su padre no trabaja, pero es una persona sociable y no se siente tan solo (a pesar de que hable con un ángel). Su infancia es, tal y como reza la cubierta, y a pesar de todo, luminosa.

Monday, October 09, 2006

Un elemento a favor del padre


Las cenizas de Angela. Se me acaba de ocurrir un punto a favor del padre de Frank McCourt: le escucha. Quiero decir que cuando se da cuenta de que el niño habla con un ángel en un peldaño de la escalera, le tranquiliza y le dice que puede confiar en él, que él está allí. Ya se que me había metido mucho con este hombre, pero del todo malo como padre no es.

Confesiones


Las cenizas de Ángela. Capítulo IV. Frank hace la primera comunión. Sentado en la escalera, habla con el ángel y ve una luz. El escalón del ángel es más caliente que los demás. Eso no me lo acabo de explicar. ¿Es su padre? ¿Es el niño que tiene mucha imaginación? ¿El hambre le hace tener alucinaciones? De todos modos es un elemento interesante. Ya es grave que no haya podido hacer la colecta, tan esperada. Pero ha podido ir al cine, gracias a un amigo. En este capítulo se ve el contraste entre lo que intenta inculcar el profesor de religión a golpes de vara y lo que aprende de su amigo, en la calle. También se ve como cuando eres pequeño te pueden llegar realmente a asustar con todo eso del infierno y la necesidad de confesarte. Y es que un niño aún no tiene elementos de juicio para saber que no ha de creerlo todo.

Monday, October 02, 2006

Más miseria


Las cenizas de Ángela. Capítulo III. Continúan las desgracias. Frank se hace mayor, lleva suelas de goma, habla con el ángel, todo ello en medio de la miseria y de la humedad. No hay palabras para describir a su padre, a quien el orgullo le impide llevar paquetes, pero no le impide beber.
Eso de que Frank hable con el ángel que ha traído a su hermanito y le explique cosas que no puede explicar a los mayores es conmovedor. Además, eso es una cosa propia de la infancia que no tiene nada que ver con ser rico o pobre. Es sólo imaginación.

"Te sientes muy rico cuando puede subir y bajar las escaleras tanto como quieres durante todo el día."

Frank McCourt
Las cenizas de Ángela

Wednesday, September 20, 2006

Humanidad


Las cenizas de Ángela. Frank McCourt. Capítulo II. Es evidente que este hombre (el padre de Frank) tiene un problema con la bebida, pero que quiere a sus hijos. Es decir, que veo que los quiere por como carga con ellos durante la caminata, por como los acompaña a la comuna, por como llora cuando mueren. Pero en cambio, se bebe lo que ellos deberían comer. No lo hace por maldad, tiene un problema, es alcohólico, no puede evitarlo. Tiene que ser terrible los remordimientos de conciencia que ha de provocar una cosa así, pero también ha de ser terrible para la familia, que no tiene ninguna culpa. Y perdonad que os lo diga, pero la cultura irlandesa no ayuda: les pasa cualquier cosa, y sólo hacen que beber. Para celebrar y para enterrar. Allí un alcohólico no puede curarse de ninguna de las maneras. Si es que curarse es posible, claro. Beber está socialmente aceptado, es como un símbolo de masculinidad. Entiendo a Malachy, él tiene que beber. ¿Pero ha de beber hasta el punto de negar el pan a sus hijos? Tiene que haber otras maneras. Por quien me sabe mal es por los niños, y por Ángela.
En este capítulo también se ve eso de cuando más ignorante y pobre es una sociedad, más intolerante es con los que viene de fuera. ¿O es que somos siempre así, los humanos?

"La luna de Limerick brillaba tanto que se veían sus pedacitos en el agua, y yo quería recoger sus pedacitos, ¿pero, cómo, con las pulgas subiéndome por las piernas?"

Frank McCourt
Las cenizas de Ángela

Sunday, September 10, 2006

Primer capítulo


Las cenizas de Ángela. Frank McCourt. He acabado el Capítulo I, el tiempo de su infancia que transcurre en los Estados Unidos. Como se conocen sus padres, como empiezan a nacer hijos, el hambre que pasan, el vecino dándoles fruta, la muerte de su hermana pequeña, y finalmente, orquestado por las primas, el retorno a Irlanda. Es conmovedor cuando Frank desea tener por madres a sus vecinas, porqué así comería sopa y puré de patatas, o simplemente comería, cada día. Es muy triste que por el alcoholismo de un padre, un niño no tenga nada que comer.

"y las dos nos enseñan a ocuparnos de los gemelos, como limpiarles el culo y como lavar los trapos de los pañales después que los dejen cagados del todo. La señora Leibowitz los llama pañales y Minnie los llama mantilla, pero es igual como los llamen porque los gemelos los dejan cagados igualmente."

Wednesday, September 06, 2006

Las cenizas de Ángela


"Cuando recuerdo mi infancia me pregunto como pudimos llegar tan sólo a sobrevivir. Fue, evidentemente, una infancia miserable: las infancias felices no valen vuestro tiempo. Peor que la infancia miserable habitual es la infancia miserable irlandesa, y aún peor es la infancia miserable irlandesa y católica."

Frank McCourt

Tuesday, September 05, 2006

Infancia irlandesa


He empezado Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt. De momento me interesa bastante, o sea que continuaré leyendo. Es un libro muy fácil de leer, en el que se pasa fluidamente de una página a otra. Explica desgracias, la pobreza que pasaron, el hambre, el padre alcohólico, pero lo hace sin compadecerse y sin dramatizar, rezumando optimismo, bondad y buen humor. Y eso, vistas las circunstancias, es muy difícil de conseguir. Pero Frank McCourt lo consigue.

Wednesday, May 31, 2006

Entrevista a Paul Auster


UNA HISTORIA DE BROOKLYN
ENTREVISTA: Paul Auster
"Mi novela es una elegía a una forma de vivir que desapareció de un plumazo el 11 de septiembre"
Doce años tardó el autor estadounidense en escribir su nueva novela: Brooklyn Follies. Desde su casa en Nueva York, explica por qué optó por la comedia para rendir homenaje a una forma de vida rota abruptamente en 2001 y a la necesidad de reconocer la felicidad en lo cotidiano. Auster, que plasma en esta historia su veta más política, recuerda los motivos que lo llevaron a la poesía y de ésta a la narración. Confiesa, además, la manera en que se le ocurre una idea para un libro y cómo es su proceso de creación.
EDUARDO LAGO
BABELIA - 18-03-2006

Paul Auster publicó su primer libro hace 27 años, 'La invención de la soledad'. .
"Mi manera de aproximarme al lenguaje es la de un poeta, no se diferencia en nada de la actitud que tenía cuando escribía poesía"
La cita es en su casa, un brownstone de tres plantas ubicado en Park Slope, cerca de la Séptima Avenida, en una calle en cuesta que recuerda vivamente la atmósfera recreada en Smoke y Blue in the Face, dos películas que captan con la misma riqueza de matices que sus narraciones el espíritu de Brooklyn, el idiosincrásico barrio en el que Paul Auster vive desde hace dos décadas. El autor de Leviatán y La música del azar acaba de cumplir 59 años. En una pared de la biblioteca cuelga una solemne declaración firmada por el presidente de la Junta Municipal de Brooklyn que da cuenta de una efemérides recientemente instaurada: la proclamación del 26 de febrero como "El día de Paul Auster". Su última novela, la número doce en su haber, es un encendido homenaje a Brooklyn y a las gentes que lo habitan.
PREGUNTA. Sus novelas se caracterizan por tener finales abiertos o ambiguos. Sin embargo, Brookly Follies tiene un final feliz. ¿Ha escrito Paul Auster una comedia romántica?
RESPUESTA. Desde luego, es una comedia, aunque no sé si romántica. Suceden cosas tristes y hay episodios oscuros, pero al final, a la mayoría de los personajes les salen bien las cosas. También hay una veta política, sobre todo por parte de Tom, uno de los personajes principales, que es muy crítico con la Administración de Bush. Hay que tener en cuenta que la novela transcurre en el periodo de las elecciones presidenciales del año 2000. Se habla bastante de la situación que aqueja a este país. Tom no es precisamente republicano y sus ideas se expresan con toda claridad en Brooklyn Follies. Es cierto que de todas las novelas que he escrito, ésta es la que tiene un final más cerrado, pero no podía ser de otra manera, dado que se trata de una comedia. Necesitaba un final contundente y aunque se puede tildar de feliz, hay que matizar, porque se da una mezcla de emociones de signo muy encontrado.
P. En la novela irrumpen bruscamente los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001. ¿Le resultó doloroso escribir sobre eso?
R. La sombra de los atentados se cierne de manera velada sobre toda la novela, pero no afloran en la narración hasta el final. Esos párrafos le dan un vuelco total al libro. Todo lo que ha tenido ante sus ojos el lector cobra un sentido inusitado. Brooklyn Follies se transforma en una elegía, en un himno a una forma de vivir que desapareció de un plumazo de la faz de la tierra. El lector descubre que lo que tiene ante sí es un canto a un mundo perdido, a la belleza y sencillez de una forma de vida cotidiana que dejó de ser posible a partir de aquellos acontecimientos. El 11 de septiembre de 2001 cambió el curso de la historia, haciéndonos entrar a todos en un periodo ominoso.
P. Brooklyn siempre ha ejercido una extraña fascinación sobre todo tipo de escritores. ¿Podría recordar a algunos?
R. Habría que empezar por Walt Whitman, quizás el más célebre de todos. Más recientemente tenemos a los dos Miller, Arthur y Henry. También Thomas Wolfe vivió en Brooklyn durante un tiempo... Y luego está aquel experimento tan interesante cuando un grupo de escritores compartió una casa en Brooklyn Heights, en la década del cuarenta o del cincuenta, no me acuerdo bien. W. H. Auden, Langston Hughes, Carson McCullers. Hay una novelista maravillosa, hoy olvidada, Bessie Smith, la autora de Un árbol crece en Brooklyn, un libro bellísimo. Y tantos otros, Norman Mailer, Truman Capote... Si nos trasladamos a la actualidad es un delirio la cantidad de poetas y novelistas que viven aquí. Son innumerables.
P. ¿A qué cree que se debe?
R. Brooklyn es un lugar que tiene una atmósfera muy especial. Hay en este barrio algo misterioso que se te mete por debajo de la piel y se queda ahí. Brooklyn es un inventario del universo y tiene la peculiaridad de que mientras que en todas partes las diferencias étnicas y religiosas son una fuente potencial de conflictos, aquí se convive en armonía. Yo me vine a vivir por razones prácticas, porque los alquileres eran más baratos y llevo 19 años aquí. Cuando me casé con Siri, ella dejó Manhattan para venirse a Brooklyn, y cuando decidimos comprarnos una casa le dije que no tenía por qué ser aquí, y ella, que había venido un poco a regañadientes, dijo que no, que no quería irse de Brooklyn.
P. ¿Cómo surgió Brooklyn Follies?
R. Se me ocurrió en 1993. Eso en mí es normal. Mis novelas se gestan durante periodos muy largos de tiempo, cinco, diez, a veces quince años. Cuando empecé, tenía en mente una estructura muy diferente a la de ahora. Nathan, el protagonista, no existía entonces en mi imaginación, pero el resto de los personajes sí. Sobre todo había dos personajes muy especiales, Willy Christmas, un mendigo poeta, y Míster Bones, su perro. Esos dos personajes fueron el motor que puso en marcha la novela, pero cuando terminé el primer capítulo me di cuenta de la singularidad de su historia y tomé la decisión de dedicarles una novela a ellos dos. El resultado fue Tombuctú, una narración breve, de carácter acusadamente poético. Mi intención era escribir Brooklyn Follies inmediatamente después de Tombuctú. Pero faltando Willy Christmas y Míster Bones, la estructura que tenía pensada se me vino abajo y no fui capaz de recomponerla. Me pasé años pensando en cómo resolver el problema. Entre medias, escribí otras novelas, pero no me resultó posible abordar Brooklyn Follies hasta que se me ocurrió el personaje de Nathan.
P. ¿De dónde surgen sus historias?
R. De las profundidades del subconsciente, de un abismo al que no tengo acceso. Anidan ocultas dentro de mí mismo hasta que un día surgen y entonces las observo: ideas, personajes, palabras. Al principio no las entiendo, pero si se trata de algo que me atrae, que me subyuga aunque no sepa por qué, me pongo a explorar el material, a tratar de darle forma.
P. Usted empezó como poeta. ¿Cómo se convirtió en narrador?
R. La discontinuidad no es tan tajante. Hasta el día de hoy me sigo considerando poeta, un poeta que cuenta historias. Mi manera de aproximarme al lenguaje es la propia de un poeta, no se diferencia en nada de la actitud que tenía cuando escribía poesía propiamente dicha. Además, siempre he escrito ficción, sólo que de joven no quería publicarla porque no tenía suficiente calidad. Llegó un momento en que dejé de escribir ficción, aunque seguí escribiendo ensayos y reseñas, además de poesía. A finales de los setenta atravesé por una crisis muy profunda y dejé de escribir por completo. Durante un año no escribí una sola línea. Y cuando me sentí con fuerzas para volver a hacerlo, me dediqué exclusivamente a la prosa. Sentí una especie de liberación, pero no es exacto decir que dejara la poesía. Seguía ahí, sólo que el vehículo en que aparecía eran mis novelas. Y todavía sigo escribiendo poemas, sólo que lo hago con carácter privado, para celebrar ocasiones familiares, como bodas y cumpleaños. (Se ríe). Son poemas con rima, y me divierto mucho componiéndolos.
P. En 1979 publica La invención de la soledad. ¿Cuál es la importancia de ese libro?
R. No es una novela, pero siempre he pensado que fue el catalizador que puso en marcha toda mi carrera como novelista. Lo escribí tras la muerte de mi padre, con ánimo de entender quién había sido. La invención de la soledad es un intento de encontrar el sentido que había tenido la vida de mi padre. ¿Y qué es la ficción sino el intento de entender las vidas ajenas? Ésa es la razón por la que se escriben novelas. La invención de la soledad abrió para mí una puerta que desde entonces nunca se ha cerrado, la de la ficción. Estamos en 2006, han pasado 27 años, y a lo largo de todos estos años no he dejado de escribir novelas en ningún momento.
P. ¿Por qué hay tan poco diálogo en sus novelas?
R. Resulta llamativa la influencia que ejerce hoy día el cine sobre la literatura. Son muchos los narradores cuya imaginación está condicionada por el cine. Estructuran sus novelas yuxtaponiendo escenas que luego llenan de personajes que intercambian palabras. En cuanto a mí, a pesar de que he hecho cine, soy el menos cinematográfico de los escritores. Lo que a mí me interesa es el cuerpo mismo de la narración, ir desplegándola lentamente para dar forma a la novela, y aunque hay diálogo, es relativamente escaso.
P. ¿Qué le ofrece el cine que no encuentra en la novela?
R. Son dos maneras completamente diferentes de contar historias, y en eso hay un desafío que me atrae como creador. Soy un cinéfilo empedernido desde que era niño, aunque eso no se refleje en mi manera de escribir. Me metí a hacer películas por accidente. Luego hay un elemento extra-artístico y es que escribir es un oficio atrozmente solitario. Me he pasado muchos años encerrado en una habitación, sin hablar con nadie. Por el contrario, el cine es un arte colectivo, te permite trabajar con mucha gente, y eso es algo muy gratificante.
P. ¿Qué ocurre en el tiempo que media entre el final de una novela y el principio de la siguiente?
R. Cuando termino una novela tiendo a olvidarme de ella, aunque los personajes siguen vivos dentro de mí durante algún tiempo. Es como si después de haber convivido muy de cerca con unos amigos, de repente se van y los echas terriblemente de menos. De vez en cuando me pregunto: ¿qué estarán haciendo X o Y ahora? Algo así. Luego viene un vacío abrupto, durante el cual me siento deprimido y no soy capaz de hacer nada. Sólo que en la parte de atrás de la cabeza, ya está la siguiente novela, tratando de abrirse paso y al cabo de un par de meses, ya estoy encerrado, escribiendo. Por cierto, he terminado otra novela. La terminé a finales de diciembre... Sí... (pensativo). Es una novela corta, muy extraña... Se titula Viajes por mi escritorio. Su génesis es distinta de la del resto de mis novelas. Normalmente tengo las novelas en mi cabeza durante muchos años antes de ponerme de hecho a escribirlas. El caso de Viajes por mi escritorio es distinto. Surgió de la nada, como por ensalmo. Un día tuve una visión de un anciano en pijama que calzaba zapatillas de cuero. Lo vi sentado al borde de la cama, con las manos apoyadas en las rodillas y la cabeza hundida, mirando al suelo. (Paul Auster aparta la silla de la mesa, reproduce el gesto que acaba de describir, y se queda un rato callado). Era una imagen hipnótica, que no me podía apartar de la cabeza. De pronto la entendí: aquel anciano era yo dentro de veinte años. Esa imagen fue lo que generó la novela, pero no me pregunte de qué va, porque no sabría por dónde empezar. El año que viene podrá leerla, si quiere.
P. Su obra está firmemente anclada en el legado de los autores mayores de la historia de la novela. En la Trilogía de Nueva York hay un homenaje directo a Cervantes y Hawthorne aparece en muchas de sus obras, incluida Brooklyn Follies, donde hay un manuscrito falsificado de La letra escarlata.
R. Cervantes nos dio el libro de los libros. Don Quijote es una novela en la que aparecen todas las cuestiones relativas al arte de la ficción. Es, sencillamente, un libro inagotable. Dos libros, en realidad, porque la segunda parte es otra novela, la verdaderamente moderna, todavía mejor que la primera. Don Quijote es un libro que te lleva a lugares insospechados. No sé cuántas veces lo he leído. En cuanto a Hawthorne, toda la literatura norteamericana remite a él. La letra escarlata es fundamental, pero tiene otras muchas cosas de gran interés. No hace mucho edité y prologué un librito suyo muy curioso, el diario que dedicó a su hijo Julian, un diario que comprende un periodo de 20 días. Y luego están los relatos. Hawthorne es un cuentista prodigioso. Tiene razón Borges cuando dice que es un precursor de Kafka. Los cuadernos, en particular, están impregnados de una atmósfera que prefigura llamativamente una sensibilidad como la de Kafka. Están cuajados de apuntes y bosquejos, de ideas para relatos que parece haberlos escrito alguien que vivió en el siglo XX. Me siento muy cerca de él, por eso aparece constantemente en mis libros. Mi personalidad se asemeja a la suya, tengo el mismo gusto por la soledad que tenía él. Cuando decidió ser novelista se pasó doce años encerrado en una habitación, escribiendo. Sólo salía durante el verano, a viajar por Nueva Inglaterra. Me parece fascinante. Hawthorne es nuestro primer gran escritor, junto con Edgar Allan Poe.
BIBLIOGRAFÍA

NARRATIVA
La noche del oráculo.
El libro de las ilusiones.
Creía que mi padre era Dios.
Tombuctú.
A salto de mata.
Mr. Vértigo.
El cuaderno rojo.
Leviatán.
La música del azar.
La trilogía de Nueva York.
El palacio de la Luna.
El país de las últimas cosas.
La invención de la soledad.
ENSAYO
Experimentos con la verdad.
GUIONES
Smoke; Blue in the Face.
Lulú on the Bridge.
POESÍA
Pista de despegue.

Monday, May 29, 2006

Verdad o aliño?

He leído de un tirón El cuaderno rojo, de Paul Auster. Habla de coincidencias, de casualidades. Dice que todas las historias que explica son verdaderas, pero no sé si fiarme. De todos modos, verdad o invención, verdad o verdad aliñada, no pueden dejar de leerse de un tirón. Son historias que te atrapan. Eso es lo que importa de una historia, que te atrape. Y la verdad que contienen va más allá de si la cosa pasó o no. Y decir que, aunque no me fíe, yo me las creo estas historias, como me creo todos los libros buenos. Donde estaría la gracia sino?
Especialmente perturbadora es la historia de la carta, para destacar alguna. Una pesadilla de escritor. Si es verdadera es espeluznante, y si es inventada, merecería ser verdadera (como historia, no por lo que implica).

Sunday, February 26, 2006

Fin de "La invención de la soledad"


He acabado este libro. Es el segundo que acabo desde que empecé a escribir el blog. Me ha gustado mucho. Está muy bien escrito. Tiene dos partes bien diferenciadas: "Retrato de un hombre invisible" y "El libro de la Memoria". Diferenciadas pero interrelacionadas. Las reflexiones que hace Paul Auster sobre la soledad, sobre la memoria... me han emocionado. Si es posible expresarlo de algún modo, es este. El autor intenta desentrañar la verdad que se encuentra tras la complejidad de las cosas de la vida. Escritores que ha leído, gente que ha conocido... Todo rayano a la magia, a lo sobrenatural, pero sin dejar de ser lógico y posible. Es la magia que tiene escribir sobre la existencia.